adidas Stan Smith - de la pista de tenis a la calle
El adidas Stan Smith es, junto al Superstar, uno de los modelos más importantes de adidas y, hasta hoy, enormemente popular entre prácticamente cualquier coleccionista de zapatillas por su atemporal sencillez y belleza.
En 1971 adidas desarrolló la zapatilla para, y esto no debería ser gran sorpresa, el tenista Stan Smith. Éste era entonces muy exitoso y por eso un portavoz publicitario o embajador de la marca idóneo, como se diría hoy. Stan Smith fue propuesto para la colaboración por un mánager de tenis estadounidense; a Horst Dassler aparentemente le gustó la idea. Probablemente Stan Smith sigue recibiendo hasta hoy una cierta cantidad por cada par de zapatos vendidos que lleva su nombre. Ya hay muchísimos: hasta 2005 adidas había vendido más de 40 millones de pares del modelo de culto.
Desde la gran ofensiva de 2014 la cifra probablemente volvió a crecer enormemente. Entonces de repente todo el mundo llevaba las zapatillas puestas y las mostraba al mundo a través de Instagram y Facebook. Sobre todo en el mundo de la moda, el adidas Stan Smith formó parte durante un año de la “uniforme”. Esto se debe probablemente también a las versiones del sneaker diseñadas por el modisto Raf Simons, que de repente hicieron al Stan Smith interesante y relevante para la vanguardia en París y Milán. Por cierto, siguieron más colaboraciones con diseñadores, tiendas y socios: con el tiempo Neighborhood, Clot, Bedwin y The Hundreds pudieron diseñar sus versiones del clásico.
Por cierto, la suela, el talón y los laterales del adidas Stan Smith son idénticos a los del Superstar. Sin embargo, la llamativa „Shell Toe“ no la tiene el zapato de tenis; además, las tres bandas solo se sugieren con agujeros estampados en el cuero, en lugar de, como en el Superstar, coserse de forma visible con cuero negro. También, y quizá precisamente por eso, el Stan Smith tiene tanto éxito: es sencillo, poco llamativo, elegante y, gracias a la pieza de color en el talón, tiene cierto grado de reconocimiento. Y ahí está ahora, de verdad, lo que hace falta para un buen zapato.